La existencia de
una propuesta realizada el pasado verano por ETA a PNV y EA ya se conocía
debido a filtraciones a los medios de comunicación, como fue el
caso de la cadena española de radio Cope el 23 de setiembre de
1999. Una vez conocido el contenido exacto de la propuesta, se pueden
interpretar con mucha más claridad las posiciones que en estos
últimos cuatro meses han mantenido los agentes implicados.
Si la propuesta de concreción del camino hacia un nuevo marco jurídico-político
se realizó en verano pasado, muchas de las manifestaciones de los
dirigentes políticos han estado orientadas en ese sentido. De hecho,
el comunicado de ETA de finales del pasado agosto llama a «retomar
el proceso con fuerzas renovadas, dando a conocer en qué dirección
irán los siguientes pasos». La apreciación de ETA
fue compartida por HB, que, al valorar el comunicado, concluye que es
hora de definir el proceso y ofrecer propuestas concretas.
El propio Joseba Egibar reconoció, en la mesa redonda organizada
por GARA a comienzos de octubre, en la que también participaron
Rafa Larreina y Arnaldo Otegi, que era tiempo de definición. «En
cuanto a lo que pueden ser los modelos de alcance, de definición
para el futuro inmediato, creo que ha llegado la hora de la verdad para
que pongamos encima de la mesa los distintos proyectos y veamos cuál
es el mínimo común múltiplo que hace que una comunidad
de partidos políticos, movimientos abertzales, lancen una propuesta
clara y nítida a la sociedad».
No obstante, el PNV también ha querido lanzar mensajes a la izquierda
abertzale para zafarse de la exigencia de toma de posición. Así,
con motivo del Aberri Eguna, otra vez Egibar manifestó que «pese
a que algunos quieren poner el turbo, la partitura y el ritmo los ponemos
nosotros».
Mientras en el caso de EA sus problemas internos acaparaban toda la atención
de los dirigentes del partido, en el del PNV se esperaba que la ponencia
política respondiera a la pregunta de qué modelo plantea
la formación jeltzale. La ponencia, conocida también en
los primeros días de octubre, no respondía expresamente
a esta cuestión, aunque sí se dirigía a la izquierda
abertzale al matizar que «en este camino no valen atajos, ni los
golpes de mano, ni el voluntarismo». Para el PNV, tal y como recoge
el texto, «la denominada izquierda abertzale deberá hacer
pública su alternativa de construcción nacional y, a buen
seguro, lo hará. Se equivocará añade la ponencia
si, en lugar de analizar la realidad de este país, de observar
con pragmatismo la fotografía social que tenemos, se obstina en
plantear experimentos de laboratorio que desvirtúen el concepto
global de Euzkadi».
Efectivamente, Herri Batasuna, como adelantara hace varias semanas, prepara
su propuesta para presentarla en breves fechas y toda una dinámica
de contactos con grupos sociales, políticos y sindicales para explicarla
al máximo número de agentes interesados posible.
En el PNV se afirma también que el equipo de Egibar tiene por delante
la labor de definir su propuesta, aunque también cuenta con la
oposición interna de quienes consideran demasiado arriesgado abandonar
el marco estatutario. El tono utilizado por Félix Ormazabal en
una entrevista concedida a "El Correo" resultó significativo:
«Si a Egibar se le enciende la lucecita y plantea otro marco, lo
estudiaremos entre todos». Al tiempo de defender el Estatuto, Ormazabal
sentenció que «el PNV es realista y nunca se lanzará
a la aventura», en el mismo sentido de los pronunciamientos de otros
líderes jelkides, como José Antonio Ardanza o Iñaki
Azkuna.
Para conocer el estado de cosas en este tema en el PNV, resultó
muy interesante el comentario publicado en "Deia" por su director,
Juan José Baños, el pasado 19 de noviembre: «Es momento
de saber que la ingeniería política del PNV también
trabaja para dar respuesta a una posibilidad de tregua definitiva por
parte de ETA cuyos términos originales aunque democráticos
son considerados estrambóticos al día de hoy por parte de
los dirigentes jeltzales. Pretender que el PNV propicie una consulta popular
vinculante en los seis herrialdes que lleve al abandono de las armas por
parte de ETA es pretender que cambie el riesgo por el suicidio político
en aras de resultados desconocidos y en unas condiciones poco halagüeñas.
No es que no sea democrático. Es que no es práctico. Antes
del Gobierno futuro, es el actual, ese que hoy por hoy resulta complicado
para un nacionalismo a caballo entre la ausencia de costumbre y
por tanto de inexperiencia en la vida institucional y el acoso y
derribo de una oposición ávida por desplazarle del poder».
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